¿Por qué la agresividad Madrid-Barça?

Hay que partir de una primera premisa: en definitiva somos animales; socializados, pero animales al fin y al cabo. Y eso se nota. Y mucho.

Especialmente en situaciones de presión, pérdida de control, situaciones de crisis,… aspectos que podemos palpar en deportes de alta competición, como el que nos ocupa.

Repasemos algunos de los factores generadores de mayor presión en el terreno de juego:

  • el dinero (ese es un factor extremadamente motivante en perfiles en los que los instintos básicos ostentan una posición mayoritaria)
  • la visibilidad. Los egos son importantes.
  • las reacciones negativas del entorno, críticas
  • ser el número 1

o simplemente el ganar. Ganar como sea. A costa de lo que sea. O dicho de otro modo, ese tipo de perfiles a los que no les gusta perder “ni a las canicas”.

Este cóctel pude engendrar el ciclo perverso:

Miedo – sensación de no control del entorno (no meto gol)  –ansiedad – frustración – descontrol – agresividad -…

 

Así, este círculo alimenta la agresividad. Esta agresividad es la autopista que nos lleva a conseguir la meta. Es decir, lo que no consigo con los métodos habituales (que no me dan el resultado esperado),  pues me lo “consigo por la fuerza”.

Y cómo? Pues luchando, con lo que tengo más a mano. Sale la dominancia de la fuerza física.


Pongamos, solo por poner un ejemplo, el escenario de un Barça-Madrid / Madrid-Barça:

Se trata de uno de aquellos escenarios intensivos en la generación y gestión de muchos de los ingredientes comentados. La masa crítica (acumulación y concurrencia de factores) y la intensidad que se llega a acumular, es la propicia para que se recree un microclima en el que fluyan emociones y sentimientos que confluyen en la necesidad de competir, donde TODO es posible.

A veces, pueden producirse pasillos por los que fluye una especie de enajenación o secuestro emocional en el que algunos se sumergen para justificar o autojustificarse ante el “todo vale”, así que “me dejo llavar” porque soy una estrella y “yo lo valgo”.

Puede que sientan que tienen incluso patente de corso. O puede que, en algunos momentos, emerja “lo mejorcito que llevan dentro” y descontrolen.

La presión extrema en ciertos sujetos, puede dar como conductas observables, auténticos muestrarios de patrones de agresividad mal canalizada.

El corto plazo, la energía desbordante, la falta de autocontrol y visión estratégica, son partes del polinomio que nos regalan actuaciones estelares como algunas recientes. No mencionaremos nombre. No hace falta, verdad?

Así, en el asunto del fútbol, ante situaciones de enfrentamiento de dos iconos que representan mucho más que la competición entre dos equipos de futbol, lo que vemos en realidad es la proyección de dos culturas, de dos poblaciones (por supuesto no geográficas). Se dicotomizan las posturas y se recrean dinámicas en las que lo emocional suele ganar terreno a lo racional.

Son entornos atrayentes de granes masas de población. Multiculturales, múltiples ideologías, capas sociales, estilos,… Son transversales y discriminan poco, si los comparamos respecto a otros deportes más elitistas y minoritarios.

Para otro artículo dejamos el análisis de los valores universales y transversales a todo deporte.

Claves psicológicas:

Pero, ¿cuáles son las claves psicológicas que pueden ayudarnos a explicar esta agresividad manifiesta de algunos jugadores del Madrid con respecto al Barça? nos preguntaban desde ciertos medios de comunicación a los que no pudimos acudir por problemas de agenda.

Buscando un modelo simple de entender, lo reduciría a tres ejes:

  • Cultura – Valores
  • Modelo Técnico y Estrategia de juego
  • Perfiles individuales. Y su autogestión

O dicho de otra manera: Entorno intangible, Normas y criterios, Aspectos individuales (placa base).

Hemos hablado de los dos primeros. Repasemos la Placa base.

A veces, los perfiles se buscan ya con un formato predeterminado que permita ser integrado en una cultura que nos interese. En ese caso la inmersión será más fácil, rápida y efectiva.

Así, si sumamos placa base (dotación genética y perfil de entrada del individuo – jugador en este caso) + Cultura y Valores del entorno (Club, entrenadores, jugadores,….) + Modelo Técnico y Estrategia de juego (incluye consignas del tipo que sean…..) = estilo determinado de juego. Se habla mucho del ADN Barça/ADN Real Madrid….. Todos percibimos diferencias de valores, idearios, y podemos también observar la dominancia de unos estilos de juego sobre otros.

Pero más allá de la frontera entre un estilo y otro, con sus diferencias, en ocasiones podemos observar cómo ciertos sujetos destacan claramente  sobre los demás.

Las respuestas a estas diferencias deberemos buscarlas en cómo cada uno gestiona sus energías: técnica, emocional y mental.

En este contexto, saber dosificarse debe formar parte de una administración equilibrada de las ventajas competitivas de cada jugador. Elegir la dosis y el momento oportuno de liberarla o de inhibirla puede ser complementario al liderazgo técnico de un jugador. A su eficacia. A su respeto con respecto a su entorno y a sus reglas del juego.

En patrones de conducta que recurren a la agresividad como forma de expresión y estrategia de consecución, o modus operandi, suelen encontrarse correlaciones con una autoestima baja y un autoconcepto bajo. De igual manera, ante “negociaciones” veríamos, por ejemplo, plasmada la amenaza como un recurso usualmente utilizado (…que hablen los árbitros!)

Resumiendo, cuando en los jugadores se producen situaciones que susciten sentimientos (que no verdades absolutas) como:

  • las ganas o necesidad de venganza (vendetta!)
  • la humillación por ver que “con métodos habituales” no consiguen resultados,
  • la impotencia …

En definitiva, la huella de mo procesamos todo esto (autogestión), se suele plasmar, como veíamos, en ansiedad que a su vez se puede llegar a liberar en forma de agresividad como canal de desalojo y liberación…, dejando paso a … la fuerza bruta….


La libre interpretación de las normas…

Esta respuesta en forma de conducta agresiva, en donde no han actuado como catalizadores la socialización, la interiorización de la norma, por no mencionar la ética, suele encontrar campo libre de expresión en determinados perfiles en el que los instintos básicos priman sobre los demás.

Pero, a menudo la barrera entre energía en su justa medida y la agresividad camuflada en un deporte intensivo en emociones y contacto con el cuerpo a cuerpo es frágil e incluso difícil de visualizar.

Encontramos a faltar el rol de modelización de ciertos agentes. Cabe preguntarse entonces por el papel de los factores externos que alimentan las conductas agresivas:

La aceptación de las malas prácticas anima el tipo de conducta que podría ser censurable. La permisividad hace que nos vayamos acostumbrando al todo vale y permite y facilita el abuso de esta agresividad no necesaria.

Los agentes que deben controlar el uso y abuso de las normas, tienen parte de la llave de la solución.

Conductas extremas

En algunas ocasiones, si se llegan a generar niveles indicativos de ciertas patologías, incluso podríamos observar conductas sugerentes de ser calificadas con otras palabras: ensañamiento, alevosía, persecución, sadismo,…

Pero tranquilos, estos ingredientes no se dan en culturas civilizadas y menos en la práctica deportiva que, per se,  es sana y orientada a la participación y al reconocimiento del mejor, con idearios y valores que son ejemplo y modelo para todos.

También podríamos repasar la bioquímica de la agresividad en la competitividad mal entendida, pero lo dejaremos para futuros posts.

Las fotografías son de juanpe, superbez y Ludovico Sinz

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