Los tests

Vemos, cada vez más, promesas de cuestionarios, tests y otras herramientas que nos aseguran que, en pocos minutos, obtendremos una fotografía completa de nosotros mismos o de nuestros empleados o candidatos.

Sería fantástico (o no), pienso, cada vez que veo una novedad anunciada de este modo. Han creado un reactivo. ¿Tendrá éxito? ¿Servirá? ¿Lo hará bien? Las grandes preguntas que nos planteamos cuando seleccionamos a alguien para un puesto o, quizá con más intensidad, cuando promocionamos a alguien a una nueva responsabilidad, parece que pueden resolverse con una tira reactiva. Igual que si queremos saber si tenemos suficiente hierro o si estamos embarazadas.

Si flota es que no…

Los tests nos cuestionan sobre algunos aspectos. Suponiendo que estén bien construidos y sigan los criterios científicamente establecidos, son, como mucho, válidos y fiables. Es decir, preguntan sobre lo que se supone que preguntan y responden de forma consistente (en diferentes situaciones y momentos). Esto es lo máximo a lo que aspiran.

No aspiran, por lo tanto, a preguntarlo o saberlo todo. Seleccionan unas cuantas áreas de cómo somos o de qué características nos diferencian unos a otros, y en base a estas características seleccionadas nos dicen cómo nos comparamos con el resto.

Pero hay muchas más características que las que salen en un test: evaluamos lo que queremos evaluar, que no siempre es lo más relevante para la pregunta que nos hacemos, y que no tenemos garantías que sea todo lo importante para responder a esa pregunta. La evaluación no es, por lo tanto, “completa”.

Y, aún más, el encaje de las piezas no es unívoco. No es posible establecer una causalidad lineal y única: “Si encontramos A en el test, entonces la persona hará B”. Sino que la fórmula se parece más a “Si sucede A, es posible que la persona haga B en situaciones del tipo C, pero probablemente no en situaciones D. Aunque si se da A y a la vez E, es probable que no se dé B tan habitualmente, y sí F…”.

Lo malo es que esta interpretación la hacemos los humanos y no un test. Y además no humanos cualquiera, sino humanos formados y experimentados en esto de evaluar.

Y también malo, esto no vende tan fácilmente como un test milagroso que todo lo cura y lo sabe, como las pulseras milagrosas

La foto, de Viewmaker

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