¿Cómo trabajar la resiliencia?

Entendemos la resiliencia como la capacidad para gestionar las adversidades (cambios, incertidumbres,…) y salir reforzado de ellas, creciendo en el proceso.

Para entender mejor su funcionamiento y cómo podemos potenciar esta capacidad (para ser más adaptables a los cambios e incertidumbres del entorno), hemos preparado un resumen gráfico de los últimos avances en neurología y psicología sobre cómo es nuestra reacción ante las adversidades (el «estrés») y en qué ámbitos puede intervenir el entrenamiento para gestionar mejor estas situaciones.

El circuito natural de reacción emocional ante algo que es percibido como una «amenaza» o «riesgo» potencial tiene estas 6 etapas

Veamos con algo más de detalle los 2 primeros pasos: la primera percepción ante una situación potencialmente amenazadora y nuestra reacción inmediata

En la fase 3 es dónde valoramos el riesgo potencial para nosotros, nuestros recursos, nuestras experiencias previas,…

Según cómo percibimos esta situación (bienestar/malestar) y qué mecanismos activamos (conducta activa/pasiva), cambiamos la química asociada.

Esta valoración en muchos casos no es plenamente consciente, sólo cierto malestar y automatismos que nos llevan a seguir temiendo lo peor y a pensar que no tenemos control sobre ello, con el malestar asociado.

Si no trabajamos esta «percepción» de estrés, la activación de nuestro organismo continúa, con efectos perjudiciales para nuestro organismo en los planos neurológico, fisiológico y psicológico. Son las fases 4-6 descritas a continuación:

Por ello, una intervención efectiva se centra en trabajar esta valoración «automatizada» de las situaciones que nos llevan a percibirlas como «estresantes» (fase 3), desencadenando las siguientes fases (4-6).

A través de ejercicios de autogestión emocional e intervenciones de coaching emocional, podemos cambiar el discurso, lo que nos decimos sobre la situación.

Si nos contamos otro relato sobre la situación, cambiamos nuestra percepción y, con ella, nuestra reacción física y emocional. Estamos desarrollando nuestra resiliencia.

Modificar nuestra vivencia de las situaciones nos da recursos para decidir cómo actuar, poniendo en juego y sacando el mejor partido a nuestras capacidades.

Hacer jugar las emociones a nuestro favor, sin ser «secuestrados» por ellas, reforzando nuestra capacidad de autogestión emocional y nuestra inteligencia emocional, nos permite una mayor salud física, mayor confort emocional para dar lo mejor de nosotros mismos en el ámbito personal y profesional.

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