Beneficios del Coaching para Abogados. Artículo en la revista «Món Jurídic» del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona

Ha sido publicado el artículo «Beneficio del Coaching para Abogados» de nuestra directora general Anna Ros en el último número de la revista Món Jurídic del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (Diciembre-Enero2019).

Podéis consultar el artículo en su versión publicada en catalán en el siguiente enlace.

Transcribimos aquí su contenido en castellano.

Reflexionamos sobre el uso del coaching en el ejercicio profesional de la abogacía: Qué tipo de temas se trabajan y qué se puede ganar haciendo un proceso de coaching, así como cuáles son los requisitos necesarios para que sea efectivo.

1. Los abogados como gestores de relaciones

Los abogados somos gestores de relaciones. Gestionamos conversaciones y momentos clave. Todo pasa y se concreta mediante la interacción entre personas, donde tienen un especial peso las emociones, los intereses, las necesidades de las partes implicadas.

Sea cual sea nuestra especialidad o el formato de nuestra organización, nuestra interacción con las personas adopta algunas de estas posiciones o estructuras en algún momento: la corta distancia (el tú a tú), la interacción grupal (con clientes, colegas, equipos), en la sala,…

Todos convivimos con situaciones de tensión, donde seguramente no disponemos de toda la información, hay ambigüedad o incertidumbre, no tenemos el control, hay múltiples demandas… y, a pesar de todo, tenemos que tomar decisiones, establecer prioridades, hacer renuncias, saber ceder, dar juego…

Hablamos de situaciones habituales donde:

  • Se espera que: negociemos, gestionemos conflictos, busquemos un consenso,…
  • se generan percepciones, valores, emociones, reacciones, actitudes…
  • afrontamos sentimientos como estrés, impotencia, angustia, frustración, inseguridad,… fruto de la valoración que hacemos, más aún que de la situación misma. Somos lo que percibimos.

2.  Fomentar esta capacidad de gestión

Nos resulta interesante fomentar esta capacidad para influir, comunicar, relacionarnos de forma cada vez más eficaz y más cómoda.

Uno de los objetivos habituales en los procesos de coaching es reforzar nuestra autogestión: sentir que controlamos la situación y somos capaces de modular y decidir, minimizando las situaciones donde sentimos que no tenemos el control, que estamos superados, o que nos faltan herramientas para gestionar lo que pasa.

Sensaciones de no confort emocional como el estrés, cansancio, falta de energía, aplazamiento de una decisión o de afrontar una situación o tarea…, son síntomas del “despilfarro” de nuestra energía en la gestión de situaciones con una carga y un impacto emocional por encima de lo que podemos asumir. Hablamos de gestión emocional confortable, en cambio, cuando la manera de vivir la situación y nuestras percepciones no nos generan esta tensión.

Lejos de actuar como si les emociones no estuviesen, al margen de ellas, o bien, ocasionalmente, dejándonos llevar por ellas, la inteligencia emocional (IE) nos ayuda a poner luz sobre estas emociones que rigen (juntamente con la razón, el conocimiento y la experiencia) nuestras relaciones. “Tomar consciencia” y, por lo tanto, ver cómo podemos ordenarlas por anticipado, anticiparlas, para ganar efectividad en nuestra actuación y en nuestros resultados.

Otro ingrediente habitual en los procesos de coaching es cómo “generar confianza” (individual, colectiva, de marca, de profesión,…).

La IE nos permite entender qué esperamos y qué esperan los otros, qué nos jugamos en cada situación (materialmente y, especialmente, en términos de ego, estatus, identidad, miedos o pérdidas anticipadas,…) para identificar oportunidades de acuerdo o alianza, reduciendo la tensión y la personalización de las situaciones, mejorando la toma de decisiones…

3.  Coaching e inteligencia emocional

Y éste es el ecosistema y la materia donde trabaja el Coaching, con la ventaja de ser una herramienta consolidada que aborda estos aspectos de forma personalizada, incidiendo en lo que es más útil para cada uno.

Su foco de atención se basa en identificar qué nos interesa cambiar y qué ganamos haciendo este esfuerzo. De aquí sale la motivación para cambiar cómo nos relacionamos con los otros y con nosotros mismos, contrastando y cuestionando nuestra forma de percibir las situaciones (las premisas que ponemos en juego), para hacer posibles otras percepciones, acciones y recursos: ampliar la “caja de herramientas” de cómo respondemos habitualmente a una situación.

Si preguntamos a alguna persona qué ha ganado con el coaching, probablemente dirá:

  • Me conozco mejor
  • Puedo poner distancia crítica y relativizar
  • Soy más consciente de lo que necesito o esperan de mi, y puedo ajustarme mejor a sus demandas.
  • He ganado autoconfianza y puedo tomar decisiones de forma más fácil y segura…

¡Os invito a hacer la prueba!

Es así porque en los procesos de coaching se trabaja para:

  • Potenciar el autoconocimiento: ser más consciente de qué recursos personales tenemos, ponemos más en juego, son más útiles, cuando nos conviene incorporar nuevas herramientas, hacer cambios de estrategia,…
  • Identificar mejor el entorno en el que nos movemos, recogiendo información de forma intencional de este entorno y las relaciones, practicando la empatía, la escucha activa, la observación…
  • Reforzar cómo tomamos decisiones para asegurar que sean las más útiles y adaptadas a las necesidades específicas de cada momento.

4.  Elementos esenciales para que el coaching sea efectivo

Para que disfrutemos de estos beneficios, son necesarios algunos, aunque pocos, requisitos:

  • un profesional del coaching con conocimientos y experiencia;
  • un espacio y entorno confidencial y neutro, que nos permita afrontar con confianza un proceso que suele constar de unas 5-6 sesiones
  • predisposición al aprendizaje, apertura y sinceridad, ir al proceso con la mente abierta, con voluntad de autocrítica e ilusión por evolucionar;
  • y compromiso por definir objetivos de mejora, dedicarse tiempo, y poner en marcha nuevas acciones.

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