Auditar las neuronas: de la neuroeconomía a la neuroauditoría (y II)

¿Qué es necesario conocer para controlar el entorno y su comportamiento?

 

¿Cuáles son los drivers, las motivaciones que nos mueven al consumo, a comprar, a decidir, a inhibir ciertas conductas? Hay momentos en la psique humana que predisponen a determinada conducta, independientemente del hecho que ciertas variables del entorno lo aconsejen o no.

Ciertamente, más luz sobre estos aspectos ayudaría a incrementar la potencia de las predicciones en el campo de la economía y ayudaría a establecer mecanismos de reacción tendentes a solucionar situaciones de recesión, por ejemplo, como el actual panorama en que estamos instalados.

¿Qué nos pueden aportar la psicología y la neurología?

Veamos, por un momento, la incidencia de los procesos bioquímicos en el cerebro: los elementos químicos que participan en el proceso de transmisión neuronal mediante la sinapsis, los neutrotransmisores, de los cuales las monoaminas parece que son las que más interesan a la neuroeconomía, ya que intervienen y afectan a procesos tales como el cognitivo, la excitación y las emociones. Se han realizado estudios en el campo de la neuroeconomía en diferentes ámbitos como la teoría de la mente, la memoria, la toma de decisiones en situaciones de riesgo y elecciones intertemporales, entre otras.

Las personas: necesidad de control

¿Cómo se propaga un sentimiento y qué incidencia tiene en el consumo de compra de vivienda, por ejemplo? Ya no nos suena extraño pensar que hay un proceso psicológico que mediatiza este fenómeno. El formato psicológico de un líder que toma decisiones es muy importante para la gestión de su empresa.

Podemos imaginar, en este contexto, un líder emprendedor, que arriesga, que sabe encontrar el camino y que promueve y visualiza el futuro. Podemos imaginar, en el otro extremo, el mismo sector, los mismos recursos iniciales y el mismo escenario y entornos, gestionados por un líder conservador, continuista, más de mantenimiento que de diseño. Inseguro, no sabe muy bien cómo visualizar ni avanzar hacia el futuro.

Es fácil ver que en el primer caso podemos tener un formato de líder compatible con Bill Gates y, en el otro, simplemente no. ¿Dónde está la diferencia? La neuroeconomía intentaría aportar algunas explicaciones que diesen respuesta a los mecanismos de acción y reacción en este tipo de situaciones.

El impacto macro

Si las decisiones que tomamos afectan al mercado y la suma de todas las reacciones individuales nos da un comportamiento grupal (sectorializando cuando hablamos, por ejemplo, de crisis financiera o inmobiliaria, o más general, cuando hablamos de crisis de consumo, que puede estar afectada tanto por manca de liquidez, crisis de confianza, el encarecimiento de la materia prima y del mercado energético, el repunte de la inflación, etc.) y finalmente acabar comportando una crisis global y de alcance internacional…

No podemos decir que las decisiones en microeconomía no afecten a la macroeconomía. Tampoco podemos decir que el estado emocional y psicológico de los directivos no tenga un impacto, sobre las valoraciones que hacen y, finalmente, sobre las decisiones que toman. Estados depresivos llevan a la inhibición, estados anímicos exhuberantes nos podrían llevar a la no valoración exhaustiva de un proyecto y a la toma de decisiones de riesgo.

Saber qué lleva a las personas a actuar de una determinada manera ante las valoraciones económicas es algo que cada vez preocupa y ocupa más a los científicos internacionales, tanto de la psicología, la neurociencia y la economía. Es algo vital para tener una aproximación holítica y que se aproxime cada vez más a la realidad.

Hacia la neuroauditoría

Trasladándonos al ámbito de la microeconomía, ¿se pueden preveer comportamientos atípicos que incidirían significativa y sorprendentemente en la marcha de un negocio, de una empresa? ¿Debería hacerse referencia a los hechos posteriores al cierre sobre la salud mental de su management, y sobre el equilibrio emocional? Pueden semblar, seguro, preguntas arriesgadas e incluso fuera de lugar, pero hablamos de personas, de negocios, de toma de decisiones, actitudes, mentalidades, sentimientos, valores, tendencias, comportamiento, predictibilidad,…

Estoy viendo ya cómo, en el futuro, un factor a revisar por los auditores será el llamado capital humano al mando del proyecto, en cada ejercicio. ¿Hay una gestión compulsiva? ¿conservadora? ¿arriesgada? ¿realista? ¿Puede esta gestión comprometer y poner en riesgo la estabilidad de la empresa, el principio de gestión continua? ¿o bien es posible asegurar la sostenibilidad del proyecto, haciéndolo más robusto y competitivo? ¿Es el equipo gestor un equipo emocionalmente y psicológicamente competente, estable?

¿Quién lo auditará? ¿Estamos ante la neuroauditoría?

Publicado originariamente en la revista del Colegio de Censores Jurados de Cuentas de Cataluña.

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