Auditar las neuronas: de la neuroeconomía a la neuroauditoría (I)

Por Anna Ros

¿Por qué el boca-oreja es tan importante y puede promover un cambio decisivo cuando todo indicaba que era imposible? ¿Qué hace que tengamos sensación de pánico y tomemos decisiones de alto riesgo sin considerar su conveniencia? ¿Qué nos pasa cuando estamos en momentos álgidos y sobrevaloramos nuestra capacidad y esto nos afecta a otras decisiones que en estado de normalidad valoraríamos como imposibles o, al menos, improbables? ¿Qué es sino una mezcla de todo esto la llamada “crisis de confianza”?

Los individuos sentimos y pensamos y no nos disociamos de toda la carga emocional y psicológica a la hora de comprar un piso, un coche, vender acciones o, en un contexto empresarial, cerrar una planta en China porque ya nos han copiado demasiadas veces el producto y la supuesta mano de obra barata nos lleva a otros inconvenientes socioculturales, que también afectan nuestra competitividad… 

Por lo tanto, un anàlisis del panorama económico y las variables que lo determinan no sería completo si no abordamos temas más escabrosos como el impacto en la confianza, el miedo a perder más, la sensación de falta de control cuando no es predictible el comportamiento de la bolsa,…

Saber cuál es el papel del cerebro en las decisiones económicas, ¿podría ser tanto como averiguar el cerebro de la macroeconomía? 

Pero,¿qué es la neuroeconomía?

Neuroeconomía, una mezcla de neurociencia, economía y psicología, que intenta estudiar el proceso de elección de los individuos a partir del anàlisis del papel del cerebro (esa caja negra…) cuando los individuos toman decisiones: cómo categorizamos y evaluamos riesgos, beneficios, recompensas, y cual es la interacción de estas variables entre sí. 

Entender la “caja negra” y su funcionamiento es la llave de acceso que nos permitiría entender el comportamiento humano, cómo es y por qué actuamos, cómo nos motivamos, cómo tomamos decisiones, cómo organizamos nuestra memoria y cómo podemos incidir en nuestro entorno y en nosotros mismos. El Santo Grial de toda ciencia es justamente tener acceso a estas claves.

¿Por qué hablamos ahora de neuroeconomía? 

Cada vez somos más conscientes que no hay ningún fenómeno, sea del tipo que sea, que pueda ser explicado de manera monolítica, es decir, desde una única ciencia o disciplina. 

La multiciencia, la pluralidad, la multidisciplinariedad son ya aceptadadas por todos. También la economía intenta recurrir a diferentes recursos complementarios que le permitan aproximarse a la explicación de los fenómenos y corrientes de otro modo inalcanzables.

Lo que no es tan habitual es conceder a una ciencia como la psicología la oportunidad de dar crédito a explicaciones en ámbitos como, por ejemplo, el de la economía. 

Antes, en el análisis de un comportamiento grupal de los mercados, por ejemplo, se analizaban principalmente las variables tangibles que podemos medir y controlar (modelos econométricos), pero pronto se vio que al polinomio le faltaban los intangibles, es decir, lo que mueve a las personas a tomar esa decisión. 

En estos últimos meses, por razones obvias, vuelve a emerger el concepto de neuroeconomía, necesario justo en estos tiempos en los que ningún modelo macroeconómico – ni matemático, no socio-antropológico- es capaz de ofrecer modelos predictivos válidos y fiables por sí mismos sobre, por ejemplo, el porqué de la actual crisis, cómo ha surgido, cómo evolucionará, hasta dónde llegarà y, mucho menos, cuando acabará.  

Todos los actores cualificados coinciden en afirmar su sorpresa por este fenómeno que, aún y ser cíclico, parece que presenta connotaciones inesperadas en la coyuntura actual.

Así, en este escenario, sería interesante analizar el comportamiento de la bolsa, un descontrol sin freno, que a menudo parece que piense y reaccione al margen de los parámetros habituales y otras dinámicas del mercado. 

La falta de potencia de los modelos habituales ha reforzado el rol de las ciencias que han estado en los campos de la medicina o de la psicosociología y que a menudo se ha pensado que no eran parametrizables por su complejidad e intangibilidad. Pero, sí que lo es la economía, nos preguntaríamos…

Publicado originariamente en la revista del Colegio de Censores Jurados de Cuentas de Cataluña.

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