12 reglas para amargarse la vida

Del libro “El arte de amargarse la vida” de P. Watzlawick

“Llevar una vida amargada lo puede cualquiera, pero amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende, no basta tener alguna experiencia personal con un par de contratiempos.”


1. Puestos a escoger entre ser y deber, se decide sin titubeos por lo que el mundo debe ser y se rechaza lo que es

2. La sublimación del pasado: ver el pasado a través de un filtro que sólo deje pasar lo bueno y bello

Otra ventaja de aferrarse al pasado está en que no deja tiempo de ocuparse del presente.

3. Ser víctima

Se pecó entonces, ahora se es víctima del propio paso dado en falso. Cualquier manual de psicología nos abre los ojos, para que nos percatemos de que la personalidad ya viene determinada por unos factores del pasado, principalmente situados en la más tierna infancia. Somos fruto de eso, somos así. Ni soñar en intentar cambiarlo.

Si alguna vez el destino nos otorga lo que buscábamos, aplicamos la fórmula “ahora ya es demasiado tarde, ahora ya no quiero”.

4. Aferrarse tercamente a unas adaptaciones o soluciones que alguna vez fueron suficientes, eficaces o quizás las únicas posibles

Si no da resultado, estamos convencidos de no haber hecho todavía bastante. Dos normas sencillas: no hay más que una sola, posible, permisible, razonable y lógica solución del problema, y si estos esfuerzos no consiguen el éxito, ello sólo indica que uno no se ha esforzado bastante.

5. Percibir selectivamente

Conseguirás añadir cada semáforo rojo que encuentres al número de los infortunios sufridos, ignorando los semáforos verdes. Ahora ya sabes que unos poderes misteriosos te dominan. Trata el problema de forma puramente reflexiva, pues toda comprobación de la realidad de su sospecha será contraproducente.

6. Mantener el problema. La profecía autocumplida

Rechazar o eludir una situación peligrosa parece ser la solución más razonable, pero, por otra parte, también garantiza la permanencia del problema. Sólo muy pocos consiguen llegar a ser tan razonables que comprenden todos los problemas posibles y empiezan a evitarlos todos.

Los ingredientes: una predicción (expectación, temor,…) que no se ve como tal sino como realidad inminente contra la que hay que tomar medidas para evitarla.

 

7. Fijarse objetivos tan ambiciosos que sean irreales

Se aconseja fijar el objetivo muy alto, que cause admiración. Naufragar en empresas sobrehumanas ha sido el sino de héroes ejemplares.

La meta todavía no alcanzada es más apetecible, romántica, como nunca puede serlo la que ya se ha alcanzado.

8. Leer los pensamientos

“¿Por qué estás enfadado conmigo?” La pregunta supone que el preguntador está mejor informado que el preguntado sobre lo que éste último trama en su cabeza y que una negativa sería mentira.

9. Hacer reproches violentos y ambiguos

“Si no fueses como eres, no tendrías necesidad de preguntarme. El hecho de que ni siquiera sepas de qué te hablo, muestra qué mentalidad tienes”

10. La ilusión de alternativas

Dar al otro sólo dos posibilidades de elección y, tan pronto como se ha decidido por una, culparle de no haber escogido la otra.

Sentirse doblemente culpable: porque uno es incapaz de participar en la visión del mundo risueño y optimista de sus amigos, y porque les da un chasco a los que tenían la intención de animarle. Sentirse culpable por estar triste.

11. Pedirle al otro que se comporte espontáneamente

Hacer algo espontáneamente porque lo mandan, gran paradoja.

Uno quiere que su hijo haga los deberes obligatoriamente pero, no sólo eso, además quiere que le guste.

12. Estar convencido de no ser digno del amor de los demás

El que quiere a alguien que no merece ser querido, no debe estar en su sano juicio. Descubrimos así la mezquindad no sólo del ser amado, sino también del amante y hasta del mismo amor.

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